A mediodía de este lunes 4 de mayo me llegaba el aviso preocupante de que el lehendakari Garaikoetxea había sufrido un infarto, pocas horas después llegaba la noticia de su fallecimiento y empezaban a llegar mensajes y llamadas telefónicas de medios pidiéndome declaraciones sobre la figura del lehendakari. En medio de la conmoción por la pérdida de una gran persona y político que me ha honrado con su amistad, he intentado escribir unas líneas para varios medios de comunicación con la confusión emocional del momento y la sensación de que todo lo que pudiera decir se iba a quedar corto en relación al reconocimiento que merece la figura del Lehendakari Garaikoetxea. Aquí recojo el texto que he preparado para El Correo y La Vanguardia. Con más calma y serenidad procuraré escribir un nuevo post.
Resulta difícil hilar unas palabras tras conocer el fallecimiento de una persona con la que he tenido el honor de contar con su amistad, además de haber compartido tantos momentos de militancia política y de servicio a nuestro País. Quizás por eso, lo primero que quiero destacar es la personalidad humana del Lehendakari Garaikoetxea que era la base de toda su actuación pública. Su concepción trascendente de la vida era la base sobre la que construía su espíritu de servicio a la hora de trabajar por su patria, Euskadi/Euskal Herria, su compromiso con el respeto a los derechos humanos sin excepciones, su defensa de la libertad y las libertades, que le llevaban a defender con firmeza sus convicciones pero siempre desde un gran respeto a quienes no pensaban como él, a sus adversarios políticos, dignificando el ejercicio de la política, su compromiso con la palabra dada a quienes le habían votado como manifestación de lo que debe ser la actuación política democrática.
Desde esas convicciones asumió la responsabilidad de poner en marcha todo el entramado institucional de la Comunidad Autónoma Vasca, recuperando el Concierto Económico para Bizkaia y Gipuzkoa, poniendo en marcha unos gobiernos con personas excepcionales para una tarea excepcional, en momentos muy difíciles desde el punto de vista económico, con un País que año tras año disminuía su producto interior bruto; con un gobierno caracterizado por su austeridad y buen hacer logró dar la vuelta a la tendencia y comenzar a crecer siempre teniendo en cuenta otro de sus ideales de lograr una sociedad socialmente justa y equitativa.
Fueron años duros, también desde el punto de vista humano, pues la violencia, el terrorismo, dejaron un inmenso dolor en muchas familias y en el conjunto de la sociedad. En ese duro escenario procuró siempre estar cercano a las víctimas, impulsando el rechazo de la sociedad a las vulneraciones de derechos humanos. Es de justicia y necesario recordar que las primeras grandes manifestaciones de rechazo a la violencia fueron convocadas e impulsadas por el Lehendakari Garaikoetxea. Recuerdo especialmente las convocadas por los secuestros y asesinatos del ingeniero de Lemoniz José María Ryan y del capitán de farmacia Martín Barrios, con la foto de la madre de este último abrazada a Carlos Garaikoetxea, o el dolor compartido con la familia de Mikel Zabalza asesinado en manos de la Guardia Civil. Ese dolor le llevó siempre a trabajar por conseguir el fin de la violencia impulsando todas las mesas de diálogo que, sobre la base siempre del compromiso con el respeto de los derechos humanos, pudiesen ser -como lo fueron al final- la base del proceso de paz en nuestro País, basado en el conocimiento de la verdad, justicia y reparación.
Toda su actuación tuvo siempre presente el conjunto de Euskal Herria, buscando las vías de consolidar relaciones institucionales, desde su profundo abertzalismo, con el impulso en su día de la Dieta Vasco-Navarra que se plasmaría en el órgano común permanente que, aprobado en los dos Parlamentos, cuando EA formó parte del Gobierno vasco y Gobierno navarro, no llegó a constituirse, o de la necesidad de intensificar los lazos culturales y económicos con Iparralde. Ese amor a su País nunca fue motivo u ocasión de despreciar a otras naciones a las que, igual que a las personas, siempre respetó, siendo respetado y apreciado por sus adversarios políticos y por sus compañeros de los partidos europeos de naciones sin estado -escoceses, flamencos, catalanes, galegos, bretones, corsos,…- de la Alianza Libre Europea que presidió.
Nos ha dejado una buena persona que, con su amor a su familia, a su querida Euskal Herria y su talante democrático, nos plantea el compromiso de seguir su ejemplo luchando por esos valores de servicio a la sociedad y respeto a las personas, que dignifican la política.
